Jueves 13 de Octubre de 2011

El Néstornauta

imagen de

Un poco de su propia medicina

En el 2006, Néstor Kirchner firmaba el flamante decreto que le daría vida a la SAGAI, la "Sociedad Argentina de Gestión de Actores e Intérpretes", una nueva gestora colectiva destinada a cobrar por los "derechos" de los actores (a quienes, por otra parte, ya les pagó el canal o la productora que los contrató para filmar).

En 2007, un fuerte aliado de Néstor, José Pampuro, presentaba un proyecto de ley de su autoría bajo expediente 1987/07 (aunque por las características del proyecto hubiera sido sólo una sorna del destino que hubiera caído en 1984), ampliando las penas, los castigos y las prohibiciones. El proyecto era sencillamente tan vergonzoso que fue el mismo senador el que le dio de baja al año siguiente.

En el 2009, y sin demasiado trámite parlamentario, la bancada del kirchnerismo junto con otras fuerzas opositoras votaron a favor de la extensión del copyright sobre fonogramas durante 20 años más, pasando de los cincuenta originales a setenta años. Sobre la tumba de Mercedes Sosa, el oficialismo y buena parte de la oposición peronista habían cometido la zoncera de volver al dominio privado la marcha peronista interpretada por Hugo del Carril.

Ese mismo año, Cristina firmó el decreto de creación de la DAC, "Directores Argentinos Cinematográficos", presidida por el señor de los DVDs de "4 teras a un peso", otrora conocido además por las películas de "Delfín, Tiburón y Mojarrita", defensoras del régimen de la dictadura militar de 1976.

En el 2011, Miguel Ángel Pichetto trató de establecer, junto con Giustiniani y otros diputados, el famoso canon digital. El proyecto fracasó rotundamente, aunque, como aseguró Guillermo Ocampo, de SADAIC probablemente se trate después de las elecciones.

foto de Cristina Kirchner en la SAGAI

Cristina reunida con el star-system de actores locales, en la SAGAI.

La relación del kirchnerismo con el derecho de autor no reviste ninguna complejidad. Firmes convencidos o simples ignorantes de lo que firman, lo cierto es que bajo el gobierno de Néstor y Cristina se ha validado la creación de entidades de gestión colectiva que ni los defensores más férreos del copyright, como los Estados Unidos, se animan a otorgar a sus propios productores. Tal es el caso de la SAGAI. Se han extendido plazos, se han agregado capas de derechos y se han abierto más gestoras colectivas que actualmente alcanzan cifras exorbitantes de recaudación. La industria cultural argentina no puede decir menos del rol que le ha asignado el kirchernismo: el MICA —Mercado de Industrias Culturales de Argentina—, un evento financiado 100% con fondos públicos para que los privados hagan negocios; la apertura de los canales de televisión y radio con la ley de servicios de comunicación audiovisual, que le ha abierto los mercados a los músicos y a los productores de música, televisión y cine por igual, por sólo mencionar algunas.

Esa política tan molesta

La utilización de canciones populares en actos políticos de campaña o en spots políticos no es nueva. En 2004, un Diego Torres consternado se quejaba por la utilización que hacía el Frente Amplio de Uruguay de su tema "Color Esperanza", y se expedía diciendo No me gusta cuando los políticos usan mis canciones.

El macrismo porteño, menos popular entre los músicos, encontró resistencias porque en uno de sus afiches de campaña un joven vestía con una remera de Sumo, y por utilizar el tema "Arde la ciudad" de la Mancha de Rolando que aparentemente es un tema que fuera compuesto como suerte de homenaje a aquellos que, durante el Mundial ‘78, luchaban por encontrar a sus familiares, compañeros y amigos detenidos-desaparecidos, tal como consignaba el diario Página/12 por aquella época.

Kevin Johansen fue uno de los primeros en desmarcarse del PRO. La Fundación "Valores PRO" difundió, en pleno debate por el matrimonio igualitario, un videíto que tenía de fondo una canción de Johansen. El músico se expresó diciendo, palabras más, palabras menos, que les iba a hacer juicio a todos.

El Néstornauta

Como decía un amigo que escribe más bonito, Pero quién puede reclamarle al pueblo las apropiaciones que, en pleno derecho porque son los que le dan de comer a los hartistas, han llevado a cabo. El cartel del Nestornauta existe porque existen las banderas con frases de Los Redó, el cartel de Macri existe porque existen remeras de Sumo. La apropiación está más allá de las voluntades partidarias.

Y precisamente es ese cartel del Néstornauta el que ahora le está trayendo dolores de cabeza al kirchnerismo. Alejandro Scutti, un editor de poca monta que nadie conocería si no fuera porque la gracia y obra del destino quiso que editara la obra de Héctor G. Oesterheld y de Francisco Solano López, los creadores del cómic argentino más importante, "El Eternauta", está reclamando los derechos sobre la imagen del "Néstornauta", aduciendo que él es el tenedor original y único propietario de dichos derechos. El editor (Los editores pueden hacer demandas sin los autores, desde que se aprobó la "Ley de Fomento del Libro y la Lectura") se queja además de que el gobierno hace un uso político de la figura de El Eternauta, llegando así al colmo absoluto. ¿Qué otra cosa es El Eternauta si no una figura política? Miles y miles de páginas escritas sobre literatura argentina señalan que la originalidad principal de "El Eternauta" está en la creación de una figura hasta entonces inédita en la literatura de historietas: el héroe colectivo. La ridiculez es tal, que sólo puede entenderse por analogía: es como si Patricia Walsh se quejase de que la figura de su padre es utilizada "políticamente".

Las pretensiones de Scutti —que incluyen una audiencia con la presidenta, cuando CFK no usó esa figura para su campaña política— son igual de ridículas que sus reclamos (ya son un clásico las reclamos de hijos, nietos y viudas célebres). El reclamo de derechos por un tipo que va por la calle con un traje de buceo (algo que, en sí mismo, no reviste mucha originalidad) es en el fondo una disputa por el símbolo, lo que representa, y no el dibujo en sí. Resulta tan absurdo como lo que los mismos muchachos de La Cámpora hicieron, que fue colocar la frase de Los Redondos "fue mi único héroe en este lío" y hacer de un héroe colectivo "mi único héroe" (y por lo tanto, individual).

Sin embargo, lo más triste de esta historia no es la ridiculez repetitiva del copyright, no es tampoco el hecho de que el kirchnerismo experimente un poco de su propia medicina de repartir derechos de autor para todos.

imagen de Solano Lopez, autor del el eternauta

Solano López, junto al Nestornauta

En ocasiones que no vale la pena mencionar, tuvimos la oportunidad de presenciar una discusión entre la representante legal de los derechos de Solano López cuando éste todavía estaba vivo y un editor. La representante de la hija de Solano López se quejaba porque Solano está viejo y quiere regalar toda su obra; tiene noventa años, nosotros le insistimos para que no haga esto porque todo el mundo se aprovecha. Nosotros le decimos: «ves, con estos derechos podés pagar aunque sea la factura de Internet». La hija de Solano, además de ser mayor, vive en España donde Solano se exilió en 1977 para resguardar a su hijo, que había tomado la decisión de militar en Montoneros.

Claramente, el problema de Solano era que "estaba viejo y quería regalar toda su obra". Ahora que tristemente falleció, la batalla legal sólo está por empezar. Una buena parte de la historieta argentina será enterrada por la codicia de unos usureros, que le exigen a viejos dadivosos que se paguen las cuentas, cuando esos mismos viejos les han pagado las cuentas durante una buena parte de su vida y sin reclamar nada a cambio.

Los '70 del pasado y del futuro

El Eternauta fue prohibido y censurado, y durante muchos años circuló como material de culto —especialmente en la década de los '90, cuando el héroe y la colectividad quedaron enterrados debajo de las piedras del Muro de Berlín—. Le cabe al kirchnerismo como mérito político la reinstalación no sólo de una historieta y un historietista singular, sino también volver a poner en valor ese símbolo como símbolo de lo colectivo (apropiaciones aparte, y malos entendidos también). En síntesis, haber vuelto a poner en manos de una generación una historia, un relato diferente del que se había impuesto en los '90. Resulta triste que por las mismas leyes que sostienen, esa figura corra el riesgo de volver al ostracismo por un litigio de derechos, como el glorioso Pepe Biondi, perdido y enterrado en las latas de fílmicos.

Como escribió alguna vez Juan Sasturain refiriéndose a Oesterheld:

Oesterheld rompe el sistema de la aventura convencional –con su héroe, el necesario desafío y la tarea cumplida que incluye recompensa, chica, medalla y beso– y lo sustituye por otra legalidad que no supone el triunfo como única alternativa. El héroe puede morir, puede ser derrotado porque lo que lo define como tal es el resultado de otra batalla, la única valedera, que es la que él debe librar es consigo mismo: ser capaz de estar a la altura de lo que cree, de lo que sueña, más allá de las circunstancias.

Cuando la noticia del fallecimiento de Solano López se hizo pública, la mera intuición sumada a esta charla previa que reseñamos nos hizo sospechar que la batalla legal estaba por empezar. Por lo tanto, mediante este sencillo pero emotivo acto, queremos despedirnos no sólo de Solano López, gran historietista, sino también de la figura de "El Eternauta".

Adiós, Eternauta. Nos volveremos a ver en 70 años.


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