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HBO y los piratas del cable

imagePresentadores de HBO durante los 70’s. [Fuente Barco Library]

[…] otra cosa que fue muy interesante para mí —y me parece interesante en estos días— es que no había legislación sobre copyright [para el cable] y entonces las emisoras de TV y otras personas, afirmaban que los operadores de televisión por cable estaban robando sus señales, sin compensarlos a cambio. Los operadores de Pennsylvania, que fueron uno de los bastiones de la televisión por cable, estaban totalmente en contra de estos, y la jurisprudencia de la Corte Suprema dictaminó que el cable no era responsable del pago de regalías. Pero al final del día, creo que muchos terminaron reconociendo que el único modo de que la industria siguiera creciendo, era dejando esto atrás. Entonces hubo alguna legislación de copyright propuesta, creo que en 1976, y fue el asunto más difícil que tuvimos —y yo era una de las personas que creían que era necesario algún tipo de legislación, que teníamos que pagar algo de dinero, que fue para una oficina de copyright en aquel momento— para legitimar la televisión por cable.

Robert Zitter, ejecutivo de HBO, en una entrevista sobre los inicios del cable.

Antena comunitaria

CATV significa “Community Antenna Television”. Así se denominó al servicio de TV por cable en sus comienzos, cuando empezó a operar en los años 50. Tal como indica el nombre, se trató inicialmente de algo muy parecido a “antenas comunitarias”, en el sentido de que captaban las señales de aire de las emisoras de televisión abierta y las retransmitían a una comunidad a través del cable, cobrando un abono. Poco a poco los CATV fueron creciendo y extendiéndose, especialmente en aquellas zonas que estaban fuera del alcance de la TV abierta, o que por sus características geográficas —áreas montañosas— tenían difícil recepción.

Lógicamente este negocio no le resultaba nada simpático a las emisoras de TV, ni a los propietarios de los derechos de los programas: los CATV eran competencia para la TV abierta, ofrecían su programación sin permiso y además… no pagaban regalías ni derechos de autor.

Señales, no programas

imagePromotoras en Virginia publicitando un servicio de cable de 8 canales, en los 60. [Fuente Barco Library]

A diferencia de las emisoras de TV o radios que hacían “broadcasting” (radiodifusión) y estaban comprendidos por las leyes de copyright, los CATV eran considerados por la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos) como parte de la recepción y no la emisión: sólo “extendían” el alcance de las señales y por lo tanto estaban eximidos de pagar regalías por derecho de autor: Nuestro negocio son las señales, no los programas o competimos con las antenas, no con los emisoras de TV, solían decir (*), convenientemente, sus directivos.

Pero hablar de “antenas compartidas” o “transportadores de señales”, son sólo eufemismos para no decir que se aprovechaban de una grieta del sistema legal para “robar” la propiedad intelectual de los propietarios de programas o películas, que habían licenciado sus contenidos a los canales de TV abierta, pero no a los sistemas de CATV, y un “robo” para las mismas emisoras de televisión, que consideraban a los CATV como un negocio parásito que cobraba a los televidentes por sus señales y programación, pero no pagaban derechos por ellas.

Y hablamos de “robar” exactamente en el mismo sentido que las actuales corporaciones de canales de cable utilizan cuando se refieren a los contenidos levantados de sus señales que circulan por internet, “extendiendo el alcance” de su transmisión…

Piratas pirateados

Sin dudas estamos frente a un nuevo caso de antiguos “piratas” que pudieron comenzar su negocio gracias a un marco legal flexible con respecto a la propiedad intelectual, y que ahora, como grandes conglomerados industriales criminalizan a los “piratas” del nuevo siglo por aprovechar la facilidad de acceso y circulación de contenidos que ofrece internet. Ellos pudieron desarrollar nuevas formas de difusión audiovisual, justamente porque pudieron eludir la necesidad de permisos y la obligación de regalías sobre la programación, pero ahora, paradójicamente, cabildean en las legislaturas y gobiernos solicitando leyes de copyright más rígidas y mayor represión, en un intento por detener una competencia que amenaza con romper su monopolio y transformarlos en cosa del pasado…

Ya contamos sobre la “piratería” de los estudios cinematográficos que se fueron a Hollywood huyendo de las demandas de Edison, por usar equipos “piratas” del invento que hizo posible la existencia de su industria y estaba patentado: la cámara de cine.

Pero la TV por cable también tiene sus décadas de pasado “pirata”.

Los piratas del cable

imageChuck Dolan, en los setenta. [Fuente Barco Library]

El primer CATV comenzó a funcionar en 1948, pero fue Charles Dolan, uno de los pioneros de la TV por cable, quién desarrolló durante los años setenta el sistema tal como lo conocemos ahora, con satélite y todo. Su historia empieza en 1965, cuando Dolan consiguió el permiso para instalar una red de cable en Manhattan, Nueva York. La empresa se llamó “Sterling Manhattan Cable”. Como todos los servicios de cable hasta entonces se dedicaba principalmente a retransmitir señales de TV abierta en áreas donde se dificultaba la recepción. No fue azaroso que Dolan pensara en algo como el cable para la TV en Manhattan, los altos edificios impedían la recepción adecuada de la señal: se trataba, en efecto, de una solución técnica innovadora que resolvía algunos de los problemas de la televisión abierta: la mala recepción y los pocos canales.

Desde sus comienzos, las presiones de las emisoras de TV habían logrado influenciar a la FCC para que el funcionamiento de los CATV se restringiera sólo a situaciones particulares (áreas remotas o de difícil sintonía). Además, los cables tenían bastantes trabas para conseguir licencias de la FCC para emitir sus propias señales (broadcasting), y se limitaban a levantar las señales locales, y transportar otras remotas para aumentar la oferta de canales —y así ofrecer un producto por el cual el espectador estuviera dispuesto a pagar un abono. Sin embargo durante los setenta, la desregulación del sector permitió que los cables se enfocaran en emitir su propia programación y se eliminaran límites a las áreas de cobertura: el negocio explotó.

Charles Dolan soñaba con un sistema de TV pago, dirigido y libre de publicidad, que pasara contenidos propios, en especial cine… además del resto de las señales de aire por las que no pagaba un centavo. Ese proyecto se materializó en 1972, primero con el nombre “Green Channell” y luego como “Home Box Office” (“Taquilla hogareña”)… también conocida como HBO.

imageLogo de “Home Box Office” (HBO) en 1972 [fuente]

El Rey Salomón vs. Houdini

Las emisoras televisivas y productores de contenidos que eran “levantados” por los CATV desde el aire, habían comenzado su ofensiva legal durante la década anterior. Pero dos fallos de la Corte Suprema de los Estados Unidos finalmente —y para asombro de los propios cables— consintieron esta “piratería” de señales y programación: Fortnightly Corporation v. United Artist Television de 1968 (demanda por copyright de programas) y Teleprompter Corporation v. Columbia Broadcasting System de 1973 (demanda por el uso de las señales).

En ambos casos la corte sostenía que como los servicios de cable retransmitían las señales del aire, pero no eran el origen, no estaban sometidos según las leyes de ese entonces al pago de regalías. Si no había “broadcasting”, entonces no había copyright. Igual de flexible fue la corte en el caso del video hogareño (caso Betamax): Sony podía fabricar sus videocaseteras sin riesgo de demandas, aunque sus usuarios las usaran para “piratear” todo tipo de películas y programas de TV. No fue igual cuando tuvo que atender el dilema de las redes P2P en internet, que prácticamente las ilegalizó.

Pero este fallo de la Corte no fue suficiente: el sector estaba tan saturado de regulaciones y complejidades técnicas, que uno de los jueces de la Corte dijo en un fallo relativo al cable: este caso no requiere del equilibrio de Salomón, sino más bien de la destreza de Houdini. En ese contexto y durante la desregulación del cable —despues de haber estado más de 25 años sin pagar un centavo de regalías por los contenidos de otros canales— los CATV aceptaron negociar en el Congreso el establecimiento una tasa fija o canon para poder terminar definitivamente con los problemas de copyright, aunque hicieron todos los esfuerzos para pagar lo menos posible…

imageLes Read, conductor también conocido como “Mr. HBO. [Fuente Barco Library]

En 1973, un ejecutivo “Sterling Manhattan Cable”, (exactamente la misma empresa fundada por Dolan de donde salió HBO) enviaba una carta dirigida al senador John McClellan del subcomité de Patentes, Marcas y Copyright del Congreso, mientras deliberaban el mencionado canon. En la misma instaba al Senador a reducir al mínimo posible el canon destinado a los titulares de derecho de autor:

[…] Usted también es consciente, por supuesto, de las recientes decisiones judiciales que existen sobre esta cuestión y que apoyan la postura de que los sistemas de cable no deberían incluir ni ser responsables de los pagos de regalías por copyright, particularmente cuando sólo retransmiten las señales de radiodifusión de estaciones locales de televisión. No es mi intención en esta carta discutir este punto, sino que señalo que inevitablemente, estos costos adicionales por derechos de autor tendrán que ser absorbidos por el suscriptor de cable. Por lo tanto, vamos a contribuir a una situación en la que el espectador que se suscribe al cable, muy a menudo como una cuestión de necesidad, tendrá que pagar más por señales de aire «gratuitas», simplemente porque la tecnología en abierto no pueden entregarle un servicio aceptable, ya sea en diversidad o calidad

Luego de señalar la elevada carga de tasas regulatorias que ya debía pagar el cable (a la ciudad, las telefónicas, la FCC, etc), se refiere a la innovación y a los “intereses creados” conspirando para que su negocio no prospere:

Senador, usted y sus colegas reconocen que es muy difícil operar exitosamente este negocio sobre la actual situación. De hecho, Sterling Manhattan Cable Television ha estado operando a una pérdida sustancial desde su creación en 1965. […] Pero, al mismo tiempo, me veo obligado a sugerir a la comisión, que el agregado de cargas sobre esta industria, por regulaciones gubernamentales, perjudicará en gran medida nuestro desarrollo en Manhattan y, desde luego actuará como un elemento de disuasión general para el desarrollo de la televisión por cable en la zona más densamente poblada del país. Este efecto desfavorable sobre el futuro del cable puede ser exactamente el objetivo que intereses creados de otros medios están buscando. Pero quiero señalar que el desarrollo de cable en este país ha sido reconocido como un asunto de interés público por la mayoría de los miembros del Congreso y declarado oficialmente un objetivo de política pública por la Comisión Federal de Comunicaciones.

Paralelos

En efecto, tal como señalaba el directivo de HBO, el interés público está en el desarrollo de tecnologías que aumenten el acceso: en los 70 era el cable, en el nuevo milenio, internet. Tal como los sitios de enlaces actuales (como Cuevana), el HBO de sus comienzos, consideraba que sólo “sintonizaba y retransmitía” lo que se emitía en otro lado, para desentenderse de asuntos de copyright: Cuevana, de igual forma “sintoniza y retransmite” series o películas cuya “fuente de emisión” está en otro lado. Para ser más rigurosos, ni siquiera retransmite, tan sólo enlaza, es decir referencia lugares en internet. Si los CATV podían decir que eran “una antena colectiva” para no pagar regalías, Cuevana es un catálogo colectivo, que permite encontrar las películas que ya están en otros sitios de la red y “sintonizarlos” en sus navegadores.

Y al igual que en cable, todo el proceso es invisible para el espectador, pasa tras bambalinas: el usuario sólo ve una película en un sitio de internet, sin saber de donde se emite el streaming, así como en los setenta el televidente sólo veía una película en un televisor, sin saber si era retransmitida o no. Pero el deber de la justicia es conocer los detalles técnicos: por esa razón los jueces de la corte en Estados Unidos llegaron a diferenciar la radiodifusión de la retransmisión, la emisión de la recepción… por el contrario la completa ignorancia de los detalles técnicos con que opera la justicia Argentina, coloca a los funcionarios en el ridículo permanente, poniendo a los investigadores a dilucidar la naturaleza del AdSense.

Tal como el cable en sus comienzos, el negocio se ahoga si acepta las pretensiones de sus demandantes… y tal como el cable en sus comienzos, el objetivo de quienes demandan es precisamente ese: ahogar la competencia e impedir el desarrollo de una nueva forma de difusión en un nuevo medio, que está fuera de su control.

La industria del cine o la democracia

imageProtesta contra el ACTA en Buenos Aires. [Fuente]

Sin embargo, donde ya no hay paralelos es en la virulencia de la disputa legal. Charles Dolan no temía acabar esposado y preso por los conflictos entre los canales abiertos y el cable, aunque estuviera “robando” señales y programación. El fracaso podía significar una quiebra o la suspensión de una licencia, no una condena criminal de años de cárcel. Por estos días en cambio, son frecuentes los arrestos teatrales, las misiones con comandos antiterroristas, o los operativos coordinados en varios países. Los usuarios pueden terminar presos por prácticas que a lo sumo podrían calificarse como infracciones triviales. Los empresarios o administradores de sitios, perseguidos como criminales por disputas relacionadas con intereses económicos, no criminales.

Para dar una analogía clara: es como condenar a 30 años de cárcel a un individuo por estacionar mal el auto: se es cómplice de dicha injusticia, si se orienta la discusión hacia las circunstancias del hecho y no a lo disparatado de la condena: importa poco si el auto estaba bien o mal estacionado, lo que importa es la arbitrariedad de las penas y la desproporción de la acción judicial. Cualquier base para un debate razonable sobre Cuevana no es posible mientras se mantenga en el fuero criminal, y no en el civil, y los jueces y fiscales se dejen manipular por lobbies de países extranjeros, y evadan confrontar con rigor los detalles técnicos.

Se dice que será la ruina económica para la industria del entretenimiento si las obras continúan accediéndose o intercambiándose libremente por la red, y por ello tanta virulencia en las acciones. Mentiras. Las cifras de recaudaciones record dan cuenta de lo opuesto. Lamentablemente. lo cierto es que la industria del entretenimiento, y en particular Hollywood, no está al borde de la desaparición…

Cuando millones de dólares en tráfico de influencias y costosos estudios de abogados con línea directa a jueces de la Corte Suprema, son destinados a consolidar un estado de criminalización y acoso sobre la población donde todos somos el objetivo, a ahogar el desarrollo de mejoras tecnológicas que implican un beneficio colectivo, a crear arbitrarios casos ejemplificadores y a promover la instauración de un sistema de censura masivo en internet, cabe preguntarse si organizaciones empresariales de este estilo, no son en sí mismas una amenaza para el estado de derecho y la democracia: un círculo vicioso de incentivos económicos influyendo sobre el poder, para conspirar contra los derechos de la población.

Leyes como SOPA/PIPA han mostrado hasta donde son capaces de llegar: la censura lisa y llana sobre internet ¿Es tolerable una industria tan destructiva? ¿No es un deber ético, republicano y social de cualquier ciudadano que se tenga por defensor de la democracia y el estado de derecho, contribuir a la eliminación de este peligro?

Simplemente, no les compres.

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Notas

(*) I then recited what had become a litany—not to be confused with Nittany—that CATV systems were master antenna systems, receiving on behalf of their subscribers, “signals”—we never admitted that we received “programs”—which had been broadcast for and intended for reception by the public, as provided in the Communications Act; en “The Hauser Oral and Video History Collection”, entrevista E. Stratford Smith, a member of the first class of Cable Pioneers. Well, before we had satellite transmission, we kept trying to make the point that we are not competing with you, we’re extending your service area, we’re making the reception easier for your signal. All of these things were true. But it was also true that we brought in distant signals that would compete with them, and we got into copyright problems, and so on. Milt Shapp said many, many years ago, and there was an awful lot of merit to it at that time, and I don’t think there is anymore; that we didn’t compete with broadcasters, we’re in competition with antennas. Because it was the rooftop antenna that was our competition. en “The Hauser Oral and Video History Collection”, entrevista a Archer Taylor.