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El paréntesis de Gutenberg en Buenos Aires

retrato de Gutenberg

En abril de este año, el profesor Thomas Pettitt de la University of Southern Denmark, expuso sobre “The Gutenberg Parenthesis: Oral Tradition and Digital Technologies” en el MIT Communication Forum, y parece que disparó definitivamente un meme irresistible para los estudiosos de la era digital: El paréntesis Gutenberg.

La idea de “El Paréntesis” lleva un tiempo circulando en ámbitos académicos, y en resumen sostiene que la emergente cultura digital, está retornando a ciertas prácticas y dinámicas culturales, propias de las sociedades previas a la existencia de la imprenta. Lo desafiante de la idea, es que implica un “retroceso” de ciertos valores sólidamente arraigados durante cinco siglos de libros impresos (valores que supuestamente fueron los desencadenantes de cosas tales como el individualismo, el pensamiento crítico y la modernidad): la producción cultural dominada por la noción de la obra original autónoma, individual, inmutable y producida en soledad por un autor específico.

El «retroceso» sería en realidad un regreso a una tradición donde la oralidad, la remezcla, lo fragmentario y la producción impersonal y colectiva eran el paradigma dominante, luego interrumpido por un período de preeminencia de lo visual –inherente a la cultura del libro impreso– que colocó un “corsé” a la azarosa fluidez de la comunicación humana (el copyright, sin duda, es uno de esos corsé…).

Abriendo el paréntesis

Con la invención de la imprenta de tipos móviles, las condiciones de acceso y distribución del conocimiento cambiaron dramáticamente, sin embargo este cambio no sólo afectó las condiciones materiales que facilitaron el acceso a la información a través de la producción masiva de libros (probablemente, en los primeros 50 años de existencia de la imprenta se imprimieron más libros que en toda la Edad Media), sino que, en el proceso, se afectó la naturaleza misma del conocimiento. Por ejemplo, el modo de producción propio de la imprenta, condiciona nuestra forma de valorar el rol del autor y las formas de producción intelectual: un libro es un texto elaborado en soledad, que sólo cuando llega a su versión definitiva, «completa» —y se vuelve inmutable con su publicación, la edición— se transforma en el punto de partida que habilita la lectura (masiva, aunque a la vez uniforme y pasiva). Cuesta encontrar un paralelo de esta noción de edición en épocas previas a la imprenta donde la cultura oral predominaba sobre la escrita, y la copia era manuscrita: ¿cuándo se consideraba publicado un libro? ¿cuánto mutaba la obra en cada copia? ¿cuándo se iniciaba el momento de la lectura? ¿Cómo era el proceso de escritura?.

Paradójicamente Internet y la cultura digital nos coloca nuevamente frente a un panorama semejante, en la cultura digital el texto es algo en constante revisión, producto de una renaciente “cultura oral” presente en la «conversación» que tiene lugar en la red, donde la idea de autoría se diluye, o más bien se confunde con la de intérprete: el autor no como origen sino como reproductor de otra voces, una dinámica del copy/paste que define el nuevo modo de producción textual, curiosamente muy semejante a las formas que aún sobreviven en la culturas folklóricas. No por nada este nuevo siglo comienza con una revalorizacion de los comunes.

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En definitiva ¿Qué hacían los escritores antes del “paréntesis”? Más o menos lo mismo que ahora empiezan a hacer espontáneamente los “nativos digitales”: Sampling & remixing; borrowing & reshaping; appropriating & recontextualizing, quien mejor que ellos —señala Pettitt— para comprender a Shakespeare y el Teatro Isabelino, mucho más cercano a la cultura del remix y la apropiación de relatos ajenos, que al estricto corsé del mito del “genio” y la originalidad de la era Gutenberg. (Por el contrario, cuando como alumnos aplican la cultura del remix a sus tesis o monografías, el sistema educativo –enclaustrado en el interior del paréntesis de las letras de molde– les responde con una acusación de plagio).

O en palabras de Alejandro Piscitelli Mientras que la cultura parentética está dominada por la composición original, individual, autónoma, estable y canónica, la cultura preparentética había estado dominada por los opuestos de estos rasgos. A saber la performance re-creativa, colectiva, contextual, inestable, tradicional, todos términos que probablemente no sean sino otra forma de nombrar o emparentarse con el sampleo, el remix, el préstamo, el rediseño, la apropriación y la recontextualización, propios de la cultura digital interneteana post-paréntetica.

Buenos Aires parentético

Queda por mencionar, que el motivo del post, son los ecos de este meme parentético que llegaron hasta Buenos Aires, donde se está realizando (comenzó hoy y hasta el 14 de noviembre) la quinta edición de Cultura y Media en el Centro Cultural General San Martín, que incluye el seminario “¿Paréntesis de Gutenberg? La conversión digital como proceso civilizatorio“, donde disertan varios especialistas nacionales e internacionales, como Hervé Fischer, Juan Freire (que siempre seguimos en nómada) o Brian Lamb (el iniciador del movimiento “edupunk“)

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